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Antonia Garcia Lago llegint el seu conte
Guanyadora 2005. De azul y negro d'Antonia García Lago
"Por qué las calles no tienen nombres más hermosos? Davinio Lettris tenía una devoción enfermiza por las palabras. Las palabras no eran solo un hilado de letras que se tejen para denomiar el mondo. Las palabras, para él, eran arquitectura. Las palabras, para Devinio Lettris, tenían suelo, tejado, puertas y balcones, y debían ser construídas con belleza. Todas las palabras necesitaban de un buen hacerdor, uno que percibiera que hay palabras para el día, palabras de media tarde y palabras de noche. Las palabras podían ser para mañanas de llúvia, para atardeceres sombríos o para ocasos luminosos y quebrados. Había palabras para ser rodadas en días de ventisca o para calcinarse en desiertos rojos y lejanos. Los manjares devenían más apetitosos si les acentos tenían sabores dulces o acres, y las vocales aromas persistentes o suaves. Las palabras, en fin, eran no sólo el vehículo para caminar la vida, sino también el camino. Y había palabras rápidas, lentas, cómodas, polverientas, renqueantes, o palabras averiadas.

En cada lectura apreciaba no una, sino dos, tres, cuatro o más historias: la del argumento, pero también la historia pulcra y armoniosa de las calles de palabras, como una ciudad de signos, o una historia adocenada y anárquica, como chabolas de palabras. Había palabras con alma y palabras míseras.

Davinio Lettris oteó el mundo desde las ventanas abiertas de los libros. Entró y salió por los espacios huecos o cerrados, altos o chatos de los abecedarios y lleno por dentro y por fuera por calles de grafías y por arcones de palabras que ocuparon su mente y sus anaqueles, un día cualquiera murió.

Lo depositaron en un suntuoso féretro y los trasladaron con protocolo por las callejuelas intrincadas hacia el camino abierto y distiante del bullicio, rumbo al camposanto de los hombres y los recuerdos.

Una luz mínima se filtraba entre los robles viejos cuando Davinio Lettris despertó un instante de su muerte y descubrió que la arquitectura de las letras también depende de la posición en que se contemplan. Se alzó en el féretro de interior de terciopelo y dijo en voz alta y clara, antes de sucumbir para siempre al gran sueño: "Por qué las calles no tienen nombres más hermosos?"




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