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La acusación se paseó por la sala mientras ordenaba sus pensamientos. De repente frenó en seco y se dirigió hacia el acusado, que le desvió la mirada con gesto desafiante. - Confiesa. Todas las pruebas te señalan como culpable. - No puedes probar nada - dijo el acusado. - No estés tan seguro de eso. Tengo pruebas que te colocan en el concierto la noche de autos a la una de la madrugada. El acusado dudó por un segundo, pero enseguida se recompuso: - Demuéstralo. - ¡Oh, lo haré! Para empezar el concierto tuvo lugar en un campo de fútbol en el que había llovido pocas horas antes. - ¿Y? - contestó el acusado con gesto desdeñoso. - Y a la mañana siguiente se encontró barro en tus botas. - Eso no prueba nada. Salí a dar un paseo por el parque tras la tormenta. Eso explica el barro. - No he terminado - dijo la acusación con gesto triunfal - la prueba definitiva: tu amiga Tamara ha colgado un vídeo del concierto en Youtube donde se te puede ver bebiendo y fumando. El acusado se derrumbó, sabiéndose vencido. - Puedo explicarlo - balbuceó -, yo... La acusación lo interrumpió con gesto de satisfecho y dijo: - castigado sin salir durante un mes, Rubén. Que seré tu madre, pero no soy tonta y yo también sé usar internet.
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