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Los últimos estertores de una fiesta de disfraces decepcionante son casi más patéticos que el momento de las presentaciones. Esta farsa no significa nada para él, y tener que beber más de la cuenta para hacer interesantes a los interlocutores es denigrante. Sin despedirse sale a la calle en busca de aire fresco y con la máscara colocada sobre la frente. Una máscara de la comedia del arte que su abuelo encontró hace años, realmente bonita pero algo maltrecha y con la afilada nariz agrietada. En un cruce de caminos del barrio viejo se topa con alguien que lleva un disfraz similar al suyo pero más elegante y mejor entallado. "Es la última noche del Carnaval. Pareces decepcionado. Sígueme. Iremos a una fiesta de verdad". El obedece, se coloca bien su fantástica máscara y pasados unos minutos entran en la parte trasera de un restaurante clausurado hace veinte años. No hay música, no hay alcohol, sólo una docena de personajes de la comedia renacentista italiana muy bien ataviados, susurrando constantemente y, desde este instante observando al nuevo invitado. No consigue entender las conversaciones ni presentarse ante nadie. Opta por situarse estratégicamente próximo a una puerta que da acceso a una salida posterior. A su lado, una pareja formada por otro Pantalone y una clementina se besan apasionadamente pero al sentirse observados, dirigen sus miradas y sus narices hacia el sorprendido último invitado a la fiesta. Por mucho que los mira no encuentra ninguna evidencia de que sus máscaras sean tales. No hay gomas tras las orejas, sujeciones más sofisticadas o resorte alguno. Sus vestimentas son fantásticas, sus capas más envolventes de lo habitual y sus gestos más armónicos y precisos que los mejores actores de Kabuki. El entrometido siente que su máscara no es como las demás, se la levanta unos segundos, analiza la escena mostrando sus mejillas enrojecidas y vuelve a esconderse tras la nariz de Pantalone. El tiempo pasa pero seria imposible decir cuanto rato ha estado allí dentro, todo le parece demasiado real y decide volver a casa. ¾ "Sólo una vez al año es muy poco"- le comenta el que parece más viejo del grupo, un Comendatori algo estirado- "Estas criaturas necesitarían un carnaval al mes como mínimo para encontrarle un sentido a su existencia".
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