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La estancia de color naranja. El sol de todos los atardeceres. El silencio, el espacio muerto entre los espacios vivos. Los cuerpos,las distancias, las ausencias, la única ausencia. El suelo negro de mi apartamento, el asfalto gris, el ruido de la calle bulliciosa, la vida, los contrastes. la mirada, los labios; el rostro horizontal, la ventana vertical, la luz oblicua sobre mi mano, la muñeca, brazo, hombro, barbilla, nariz, ojos, párpados. La respiración cada vez más lenta. El timbre de la puerta, el timbre del teléfono. La puerta, el teléfono, el teléfono, la puerta. El silencio, la oscuridad. Una voz. La puerta, el ruido, los pasos; la gente, bullicio, agitación, y esa voz. Oídos, pupilas, pestañas, piel, contacto; mi cuerpo, el resto de cuerpos; el pecho, los pechos, la voz, el calor, el desplazamiento, el reposo, las sensaciones; el motor, la ingeniería, el progreso, el movimiento, las sirenas, la sirena, la voz de la sirena; la calle, la noche, los coches, las farolas, los bancos, las aceras, los muros, los perros, los restos de orina, las papeleras, los transeúntes. Una mano sobre mi mano; mis ojos, párpados, cabeza. La voz, esa voz, ese eco constante. Una sola palabra. Los párpados, los ojos, la luz, el rostro, tu rostro, tus lágrimas, tu sonrisa, tu presencia, tu mano, tu muñeca, mi muñeca, la ambulancia, las ciudades, el tiempo, la prisa, las soledades, el hospital, tu voz:
- Vive.
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